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 Algunas veces he escuchado...

 Algunos padres decir: TU NO SABIAS COMO ERA EL MUNDO, HIJO MIO?
 

 Un científico vivía preocupado con los problemas del mundo y estaba resuelto a encontrar medios para disminuirlos.  Pasaba días encerrado en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.  Cierto día, su hijo, de siete años, invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar.  El científico, nervioso por la interrupción, intentó hacer que el hijo fuera a jugar a otro sitio.  Viendo que sería imposible sacarlo de allí, el padre procuró algo para darle al hijo, con el objetivo de distraer su atención...  De repente tomó un mapa del mundo de una revista, y, con una tijera, lo recortó en varios pedazos.  Junto con un rollo de cinta adhesiva, lo entregó al hijo diciendo: - "¿A TI TE GUSTAN LOS ROMPECABEZAS? ENTONCES VOY A DARTE EL MUNDO PARA ARREGLAR.  AQUÍ ESTÁ EL MUNDO TODO ROTO. ¡MIRA SI PUEDES ARREGLARLO BIEN! HAZLO TODO SOLO".  Calculó que al niño le llevaría días para recomponer el mapa.  Algunas horas después, oyó la voz del hijo que le llamaba calmamente: - "PADRE, PADRE, YA HE HECHO TODO.  ¡CONSEGUÍ TERMINAR TODO!".  Al principio el padre no dio crédito a las palabras del hijo. Sería imposible a su edad haber conseguido recomponer un mapa que jamás había visto.  Entonces, el científico levantó los ojos de sus anotaciones, seguro que vería un trabajo digno de un niño.  Para su sorpresa, el mapa estaba completo.  Todos los pedazos habían sido colocados en su sitio. ¿Cómo sería posible? ¿Cómo el niño había sido capaz? - "TU NO SABIAS COMO ERA EL MUNDO, HIJO MÍO. ¿CÓMO LO CONSEGUISTE?".  - "...Padre, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando tú quitaste el papel de la revista para recortar, yo vi que del otro lado había la figura de un hombre...  Cuando tú me diste el mundo para arreglarlo, yo lo intenté pero no lo conseguí.  Fue entonces que me acordé del hombre, di vuelta a los recortes y empecé a arreglar el hombre, que yo sabía cómo era. CUANDO CONSEGUÍ ARREGLAR EL HOMBRE, DI VUELTA LA HOJA Y ENCONTRÉ QUE HABÍA ARREGLADO EL MUNDO..."  

Cuando yo tenía catorce años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle.  Pero cuando cumplí los veintiuno, me parecía increíble lo mucho que mi padre había aprendido en siete años.

Mark Twain (1835-1910) Escritor y periodista.

Buscando textos para la editorial encontré estas reflexiones de un psicólogo y padre español llamado Carlos Pajuelo Morán que me resultaron maravillosas y muy sencillas de entender.  El objeto de la reflexión es que ayudándonos a ser mejores como padres podamos entender y criar mejor nuestros hijos y que como mejores hijos podamos entender mejor y hacer mejor a nuestros padres.  Y así a través de este círculo virtuoso lograr ser mejor País.  Decía Carlos...

...Algunas veces he escuchado a algunos padres decir "he fracasado como padre", y esto lo dicen padres de niños, de adolescentes, padres de jóvenes y, a veces, hasta padres de adultos.  Ante esa afirmación siempre pregunto lo mismo:¿por qué dices eso?  La respuesta, curiosamente, suele incluir esta idea: "no he sabido inculcarle".

Este sentimiento de fracaso, además de restar confianza a los padres, sirve a menudo para culpabilizar a los hijos.  Y el cóctel "falta de confianza" más "culpabilización" genera resacas de larga, muy larga duración.

 La tarea de ser padres no es  construir hijos sino ayudar a que los hijos se construyan a sí mismos.  Desde esta perspectiva, realmente ¿fracasan los padres?.  La vida de nuestros hijos les pertenece a ellos, y los padres no podemos vivir la vida de nuestros hijos porque, si lo hiciéramos, quizás no se equivocaran, pero lo que es seguro es que los privaríamos de vivir su vida que, por cierto, es una forma de ser desgraciado/a.

El fracaso como padres, no reside en lo que nuestros hijos hacen, o dejan de hacer,  ni en lo que los padres olvidamos que hemos hecho.  En todo caso, reside en no dejar que nuestros hijos sean los dueños de sus aciertos y de sus errores.

Por otro lado, algunos padres vamos olvidando mientras nuestros hijos se van haciendo mayores las  cosas que les hemos enseñado con tanto esfuerzo y con tanto cariño en su infancia y adolescencia.  El olvido nos puede volver rígidos, incluso resentidos y el resentimiento conlleva el peligro  de "perdernos" la vida que nuestros hijos adultos  han decidido, libremente, vivir.  Pero olvidar no es fracasar.

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¿Y qué cosas son las que debemos enseñar a los hijos, y que los padres no debemos olvidar?

1)  Les enseñamos a decir te quiero.  Querer es para toda la vida y se quiere a los hijos porque son nuestros hijos, y no por lo que hacen, ya que lo que hacen es parte de la vida de nuestros hijos: Su propia vida.  Nuestros hijos no son nuestras ilusiones ni nuestras metas.  Escuchar a adolescentes decir que se sienten mal porque no han sido capaces de satisfacer las expectativas que sus padres tenían depositados en ellos es algo habitual en estos días de búsqueda de nota media en la cercana Selectividad.

2)  Les enseñamos el valor que tiene guiar.  Los guiamos cuando son pequeños y, cuando son adultos, nuestra  luz sigue ahí dispuesta a guiar.  Los padres somos faros, no para evitar que nuestros hijos se pierdan, sino porque sabemos que es posible que se puedan perder y, en ese momento, es cuando más necesitan que nuestra luz brille.  La luz dice dónde estamos los padres para que nuestros hijos siempre lo tengan en cuenta.  No indica hacia dónde tienen que ir, porque el camino que escogimos los padres es sólo nuestro camino.

3) Les enseñamos que los aceptamos tal y como son.  Nuestra  imperfección nos ayuda a ser comprensivos con las imperfecciones de los que nos rodean.  Les apoyamos y confiamos en su capacidad para tomar decisiones en función de su edad.  Confiamos en que educamos para que nuestros hijos sean capaces de vivir su vida y tomar sus propias decisiones.  Confiamos  en su capacidad para afrontar los reveses que, sin duda alguna, les acarreará tomar determinadas decisiones.

 4) Les enseñamos el valor del respeto, respetando sus ideas, sus creencias.  Respetar no es sinónimo de compartir.  Aceptamos y valoramos que nuestros hijos piensen, aunque sea de forma diferente a nosotros, o que tengan creencias y gustos diferentes a las nuestros.  Las parejas de nuestros hijos, sus creencias, sus opciones políticas no deberían de ser nunca una frontera.

 5) Les enseñamos la disponibilidad que los padres tenemos siempre para nuestros hijos, que siempre seremos menos rencorosos, siempre tendremos los brazos abiertos, que no nos cansaremos de dar pasos que nos acerquen a ellos, que aceptamos, por ser padres, que nos corresponde siempre la tarea de construir puentes.

 La vida es fugaz, los hijos nos gastan las hojas del calendario a un ritmo vertiginoso. ¿De verdad crees que has fracasado como padre?, ¿no será que has olvidado todo lo que les has enseñado?

Exigir a los progenitores, para respetarlos, que estén libres de defecto y que sean la perfección de la humanidad es soberbia e injusticia.

Silvio Pellico

Hasta el mes próximo...y el 20 de junio día de la bandera recordémonos Argentinos y colguemos nuestra bandera en señal de afecto a nuestra Patria!!!

Jerónimo dos Reis


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